Ahora, en tiempos de crisis, resurge con fuerza en muchos hogares el hábito de utilizar como fuente de energía los residuos animales y vegetales, sobre todo en las zonas rurales de nuestro país. Una costumbre que no debió desaparecer nunca y que nuestros abuelos utilizaban muy a menudo.
Están apareciendo empresas que "dan forma" a los desechos vegetales para que puedan ser quemados en nuestras chimeneas e incluso calderas reconvertidas que ya no queman gasoil. Incluso nos atrevemos con los residuos ganaderos para transformarlos en gases combustibles.
Otra vertiente es la plantación de cultivos "energéticos" para su posterior transformación en etanol y aceites combustibles para la automoción, práctica ésta no exenta de polémica por el impacto negativo que tiene sobre los precios de los alimentos.
